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Las Reuniones Masónicas

Las reuniones masónicas se distinguen por buscar un crecimiento personal al cuestionar, compartir y ampliar ideas con un pensamiento libre de doctrinas y de creencias. Para entender lo que se hace en una logia masónica hay que voltear a ver a los momentos históricos con los que está ligada la masonería.

Las reuniones en una logia masónica representan un espacio de intercambio intelectual y crecimiento personal arraigado en la historia. En la época medieval, entre los años 1000 y 1500 d.C., el cuestionamiento y la discusión de ideas estaban severamente penados por las monarquías, los gobiernos y las autoridades religiosas. A pesar de las consecuencias, los intelectuales de aquel entonces se reunían clandestinamente para explorar y compartir conocimientos en materias como ciencia, religión, astronomía, filosofía y política.

Hablar de tales temas, experimentar con ellos o simplemente poseer textos que los abordaran podía conllevar la más extrema de las penas: la muerte. A pesar de este sombrío panorama, emergían pequeños grupos de individuos ansiosos por conocimiento, quienes desafiaban el oscurantismo intelectual imperante al reunirse y compartir conocimientos entre sí.

Estos encuentros, ocultos y riesgosos, eran refugios de conocimiento y luz en medio de un período de oscurantismo intelectual impuesto por el poder establecido.

Entre estos intelectuales que se reunían, se destacaban los maestros de los gremios de constructores, los científicos, filósofos y unos pocos disidentes religiosos y militares. Es importante resaltar que, a diferencia del pueblo común, los maestros constructores gozaban de cierta libertad para poder viajar, siendo ellos los arquitectos y constructores de las catedrales que comenzaban a emerger por toda Europa.

El saber ancestral de los maestros constructores en el arte de la piedra se transmitía celosamente de generación en generación, mucho antes del tiempo de Cristo. Este conocimiento era custodiado con recelo y era reservado exclusivamente para sus hijos o para aquellos aprendices excepcionalmente talentosos que mostraban las aptitudes adecuadas.

Al estar situados en la edificación de las catedrales, los maestros encargaban la edificación de una sala amplia, destinada tanto para su descanso y recreación al finalizar sus jornadas laborales, como para la instrucción de los aprendices más destacados y para planear las próximas acciones arquitectónicas.

A espaldas de las normativas establecidas, este recinto servía también como punto de encuentro clandestino para intelectuales ávidos de conocimiento, quienes desafiaban las restricciones impuestas por la autoridad, buscando expandir sus horizontes intelectuales. Estas salas fueron denominadas «logias», término derivado del griego «loguías», que significa estudio, tratado, diálogo o razonamiento.

El acceso a estas logias no era algo trivial, dado su estatus de sospecha o incluso ilegalidad. Los asistentes ejercían un cuidadoso proceso de selección de nuevos miembros, quienes nunca eran admitidos sin una rigurosa recomendación por parte de un miembro activo, quien debía avalar que el candidato era idóneo y poseía un compromiso con los ideales compartidos por la hermandad.

Otra vía de acceso a la logia era mediante la recomendación de un integrante, incluso si este no conocía personalmente al candidato, pero había observado en él aptitudes que consideraba dignas de pertenecer a la hermandad. Sin embargo, antes de ser admitidos, los aspirantes eran sometidos a un escrutinio minucioso por parte de varios miembros, quienes seguían de cerca sus acciones y comportamientos.

En ambos casos, los candidatos pasaban por un ritual de iniciación simbólico, donde experimentaban metafóricamente una muerte y renacimiento hacia una vida de conocimiento y crecimiento personal que les afectaba tanto física como espiritualmente. Durante esta ceremonia, juraban guardar silencio absoluto sobre todo lo que acontecía dentro de la logia, comprometiéndose a proteger tanto su propia integridad como la de sus compañeros.

Con el tiempo, las logias se multiplicaron por toda Europa, y para facilitar la identificación y el reconocimiento entre los viajeros de logias extranjeras y los miembros locales, se comenzaron a utilizar palabras y saludos secretos, heredados de los antiguos gremios de constructores de tiempos pre-cristianos. Estas prácticas permitían a los miembros reunirse en nuevos lugares, continuando así su búsqueda de desarrollo personal, mientras preservaban el secreto que garantizaba su seguridad y la de los demás.

Con el transcurso del tiempo, los lugares de encuentro de las logias evolucionaron en respuesta al nivel de represión imperante. En algunos sitios, el secreto sobre las reuniones y los miembros era absoluto, mientras que en otros se permitía cierto grado de apertura. Sin embargo, lo que siempre permaneció constante fue el deseo compartido de conocimiento y crecimiento personal entre quienes se congregaban en secreto, reconociéndose mutuamente en esta búsqueda de crecimiento y del bien común.

La Masonería moderna

La masonería “moderna” nace en 1717, pero desde su fundación ha continuado con los fundamentos filosóficos y los simbolismos que se remontan a los gremios de constructores que florecieron en la edad media y al de los constructores de los templos pre-cristianos.

Las reuniones de pensadores libres de prejuicios siempre han tenido algún grado de recelo y de represión por parte de las organizaciones políticas y religiosas, es por eso que aún en nuestros días las logias masónicas son tachadas de anti-cristianas y de conspiratorias.

No obstante, la realidad es que en las reuniones masónicas se debaten ideas relacionadas con la historia de la humanidad y con las problemáticas actuales. Sin embargo, este diálogo no busca fomentar revoluciones; más bien, tiene como objetivo examinar qué cambios individuales podemos implementar para evitar repetir los errores cometidos a lo largo de la historia.

En las reuniones masónicas, los miembros se comprometen a indagar, compartir y expandir sus ideas en un ambiente de respeto mutuo y fraternidad. Más allá de rituales y símbolos, la esencia de una logia masónica radica en su búsqueda constante de la verdad y el progreso humano, perpetuando así el legado de aquellos valientes pensadores que desafiaron la intolerancia intelectual de su tiempo.

Un día en una logia masónica

A las reuniones semanales de trabajo masónico nosotros les llamamos “tenidas”. Ellas se dividen en varias partes secuenciales.

La ceremonia masónica de apertura

La primer etapa de nuestras tenidas es una ceremonia que conmemora las raíces pre-cristianas y medievales de la masonería. Todo lo que se dice, lo que se hace y lo que se ve, hace referencia a los gremios de constructores, filósofos y militares que se reunían para hablar de temas que eran prohibidos, ocultándose de personas ajenas a sus grupos.

Aún que a lo largo de toda la tenida se mantiene el ceremonial, la primer etapa tiene mucha enseñanza de cómo es que la disciplina, el trabajo en equipo y la discreción pueden hacer que una persona o una institución crezcan y se mantengan a través del tiempo.

Etapa administrativa

Esta etapa suele tener una duración corta y es donde se da a conocer la información referente a la masonería local. Aquí se leen comunicados que nos llegan de otras logias, se dan actualizaciones con respecto al edificio y se lee una minuta de cómo fue la tenida de la semana anterior.

Etapa de propuestas

En este momento a todos se nos da la oportunidad de aportar ideas que consideremos que podrían hacerle bien a la masonería en general, a nuestra logia o a nuestra sociedad. Si los integrantes acuerdan apoyar esa idea, se genera un plan de acción que lleve a su realización.

Por ejemplo, supongamos que un hermano masón se entera que un maestro rural está solicitando el apoyo general para llevar útiles escolares a una comunidad de bajos recursos. El hermano puede hacer eso del conocimiento de la logia y se puede acordar que de manera voluntaria los masones apoyemos con artículos de oficina que ya no estemos utilizando o apoyar con una cantidad económica para adquirir y donar dichos útiles que beneficiarían a los niños.

Capítulo de estudio

Esta etapa suele ser la más extensa en un día normal en logia. Aquí, de manera voluntaria, los masones tenemos la oportunidad de exponer un tema del que conozcamos o del que hayamos conocido recientemente y que creamos que puede ser interesante y enriquecedor para nuestro desarrollo personal o para el de nuestros hermanos.

Los temas que más comúnmente se abordan son de sociología, psicología, filosofía, historia y temas relacionados a la masonería.

Regularmente cada trabajo se expone en menos de 15 minutos y posteriormente se concede la palabra para comentarios que enriquezcan el tema que se trató.

Se puede hablar casi de cualquier tema, lo único que está prohibido es hacer algún tipo de proselitismo político y/o religioso.

La ceremonia masónica de clausura

Las alegorías y simbolismos que conmemoran la historia de la masonería nuevamente están presentes en el cierre de los trabajos. Además se hacen honores a la bandera y se pueden hacer actividades que estrechen los lazos fraternales de las personas que asistimos.

Convivencia fraternal

Una vez que los trabajos están cerrados regularmente se nos invita a una cena informal donde convivimos como hermanos y solemos seguir hablando de los temas que se trataron en la tenida pero sin el ceremonial ni la marcialidad que las distingue.

Sumergirse en la masonería es sumergirse en una tradición centenaria, una historia que se extiende por más de 300 años. Es abrazar las mismas costumbres y valores que inspiraron a individuos valientes a desafiar la adversidad en su búsqueda de crecimiento y conocimiento. En cada masón, encontramos una fuente de ideas vibrantes y un espacio donde nuestras propias ideas pueden florecer y expandirse, permitiéndonos crecer no solo en conocimiento, sino también saber que estamos creciendo como sociedad y como seres humanos plenos de esperanza y regocijo.

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